La mayoría de los videos corporativos no fallan por la cámara, la iluminación o la edición.
Generalmente lo que falla es algo mucho más sencillo: La claridad del mensaje.
Antes de grabar cualquier video, muchas empresas se hacen las pregunta equivocadas, o bien, el punto de partida se orienta al cómo y al qué, en lugar del por qué o para qué.
La pregunta o el punto de partida debería ser:
“¿Qué queremos que la persona entienda, sienta o haga después de ver este video?”
Cuando esa respuesta no está clara, el video suele terminar siendo correcto en lo técnico, pero débil en impacto. Bonito pero rápidamente olvidable.
Antes de grabar tu próximo video, responde estas 3 preguntas:
- ¿A quién le habla este video, específicamente?
- ¿Qué idea principal debería recordar después de verlo?
- ¿Qué acción concreta esperamos que tome después de verlo?
Si no puedes responderlas en pocas líneas, probablemente el video aún no está listo para grabarse.
El video es una herramienta poderosa, pero solo cuando parte de una idea clara.
Todo lo demás, cámara, guion, animación o edición, viene después.
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